uánto hay del autor en su obra o, si
se prefiere
preguntar de
otra forma,
cuántas
veces un
personaje de
un relato o
de una
novela no es
sino el
propio autor
camuflado
bajo su piel
de ficción.
Mucho. Rara
es la
narración
que no tiene
algo de
autobiográfico.
Se sabe que
la vida de
los autores
se refleja,
de una forma
u otra, en
sus obras,
por eso se
hace
necesario
empezar el
comentario
de cualquier
obra,
haciendo un
breve
recorrido
por la vida
del autor.
El autor
Juan Campos Reina, autor de El
bastón del
diablo,
nació en
Puente Genil
(Córdoba) en
1946.
Durante unos
años,
residió en
Sevilla. En
la
Universidad
de la ciudad
hispalense
estudió
Derecho,
cuya
licenciatura
consigue,
para
trasladarse
luego a
Málaga,
donde
residirá
hasta su
muerte,
acaecida el
27 de
octubre de
2009, a los
63 años,
tras
soportar una
larga
enfermedad.
Todas estás ciudades aparecerán en
sus obras,
en las que
quedan
plasmadas
claramente
el gran
conocimiento
que Campos
Reina tiene
de ellas.
Por lo
tanto, se
hace
necesario
decir que
Campos Reina
es un autor
que escribe
acerca de lo
que conoce,
lo cual da
mucha
veracidad a
lo que
cuenta,
además de
notarse en
la lectura
de su obra
que está muy
bien
documentado
acerca de lo
que relata.
Todo esto
valoriza sus
obras y su
trabajo
mucho más,
ya que un
autor que
hable sobre
lo que
conoce hace
un trabajo
más serio
por su
cercanía al
tema que
trate o al
escenario
donde éste
se
desarrolle.
Por tanto,
es necesario
informarse
acerca de lo
que se va a
escribir
antes de
comenzar a
redactar
cualquier
obra y esto
Campos Reina
lo hace,
como así se
puede
comprobar en
esta obra.
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Juan Campos Reina, autor de El
bastón del
diablo, nació en Puente Genil (Córdoba) en 1946. |
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Inicia su producción novelística con
Santepar
(1988),
novela con
la que se
dio a
conocer; a
ésta le
siguieron
Un desierto
de seda
(1990),
Tango rojo
(1992),
El bastón
del diablo
(1997) y
La rosa de
Apolo
(1997), año
en que fue
galardonado
con el III
Premio
Andalucía de
la Crítica,
en su
modalidad de
Narrativa.
Siguieron
los títulos
Librepensamiento
(2000),
La góndola
negra
(2003) y
La cabeza de
Orfeo,
dilogía que
aparece en
2006
aglutinando
los títulos
Fuga de
Orfeo y
El
regreso de
Orfeo.
Muchos son
los
comentarios
que se han
hecho
refiriéndose
a Campos
Reina. Por
mi parte,
tan sólo
resaltaré
las palabras
de Horacio
Vázquez-Rial,
por la
visión de
conjunto que
nos da de su
producción
literaria.
Este
escritor
hace
referencia a
Juan Campos
Reina
diciendo que
«la de
Campos Reina
es una de
las
producciones
novelísticas
más finas y
perfectas de
la España
contemporánea».
La obra:
El bastón
del diablo
Sobre El bastón del diablo hay
que empezar
diciendo que
forma parte
de una
trilogía,
llamada la
Trilogía
del
Renacimiento.
En este
trinomio,
Campos Reina
hace un
recorrido
histórico
por el siglo
XX, que casi
podría
decirse que,
más que un
recorrido,
es un
estudio.
Destacable es el hecho de que el
autor haya
dedicado
casi 20 años
a elaborar
la ‘obra
completa’,
como bien
dijo él
mismo en el
diario
Córdoba:
«La
Trilogía del
Renacimiento
me ha
llevado
muchos años
de trabajo
desde 1986
y, desde
ahora, me
voy a
olvidar
tanto de la
Guerra Civil
española
como de la
saga
familiar de
los
Maruján».
Este hecho
corrobora lo
expuesto
líneas
atrás, es
decir,
Campos Reina
es un autor
que
transmite
mucha
veracidad
histórica a
través de su
narración.
Es
fácilmente
palpable en
cada una de
sus líneas
el
exhaustivo
trabajo de
campo previo
realizado
antes de la
redacción de
este libro.
El bastón
del diablo,
que es la
segunda
parte de ese
conjunto de
tres, obtuvo
el Premio
Andalucía de
la Crítica.
De esta
manera, la
Trilogía
del
Renacimiento
queda
compuesta
por las
siguientes
obras: Un
desierto de
seda
(1990),
El bastón
del Diablo
(1996) y
La góndola
negra
(2003).
El bastón
del diablo
fue
publicada en
un principio
en
Alfaguara,
aunque
actualmente
la trilogía
completa se
puede
encontrar en
otras
editoriales,
como son
Random House
Mondadori y
De Bolsillo.
Antes de introducirnos de lleno en
El bastón
del diablo,
diré que
cada libro
que compone
La
Trilogía del
Renacimiento
representa
una zona
simbólica.
Así, Un
desierto de
seda
hace
referencia
al
“Paraíso”,
El bastón
del diablo
escenifica
el
“Infierno” y
La
góndola
negra
representa
el
“Purgatorio”.
Dicho esto, pasaremos a introducirnos
de lleno en
la obra que
nos
concierne,
El bastón
del diablo.
La trama de esta obra, muy bien
narrada, es
la de una
familia
atrapada en
la época en
que la
pertenencia
a la derecha
o la
izquierda se
acentúa y,
por medio,
una historia
de amor que
endulza lo
trágico de
la época, un
amor que,
aunque
difícil y
accidentado,
es puro y
está exento
de
platonismo,
como no
podía ser de
otra manera,
si nos
atenemos a
la época.
Esta obra comienza con un
flashback
que rompe
con la
linealidad
narrativa
del libro.
Joaquín
Maruján se
encuentra en
la cárcel en
sus últimos
días de
vida, y de
fondo, una
España que
atravesaba
por momentos
conflictivos
y
complicados.
La historia prosigue dando un salto a
veinte años
y algunos
meses antes
de ese
suceso, para
situarse en
el otoño de
1915. A
partir de
ahí, Campos
Reina nos
introduce en
la época
referida y
nos envuelve
perfectamente
en el
contexto
social e
histórico
del
personaje.
La historia está recreada en
múltiples
escenarios,
que nos
representa
con
emocionante
precisión y
no menos
acierto lo
trágico de
una época
convulsa y
difícil y
que, a pesar
de ser
ficción, la
recreación,
los
personajes y
la trama
están tan
logrados que
se diría que
verdaderamente
ocurrió.
Puente
Genil,
escenario de
la trama
novelística
La novela está escrita en una prosa
en la que
prima la
narración.
Nos describe
perfectamente
el sitio en
donde
transcurre
la historia
(Puente
Genil, lugar
de
nacimiento
del autor).
El autor
hace una
rica
descripción
del lugar;
rica, pero
sin pecar de
pesadez. La
descripción
que Campos
Reina hace
en todo el
desarrollo
de su obra,
la hace de
forma tal
que deja a
la
imaginación
del lector
parte de lo
que él
pretende
transmitir,
con lo cual,
el lector
forma parte
de la
historia,
puesto que
está inmerso
en ella.
Esto
colabora a
que la obra
atrape como
un imán, en
cuyo proceso
el lector el
hierro
atraído.
El autor, sin proponérselo, analiza
una época
grotesca de
la historia
de España,
atrasada en
el tiempo,
donde una
rígida moral
católica no
da margen a
las
avanzadas
ideas que se
expandían
por Europa
como un
vendaval,
pero que, a
pesar de la
fuerza de
los vientos,
no fue capaz
de derribar
el muro que
suponía una
manera de
entender las
cosas a
prueba de
todo avance
social.
Época que
relata el
paso del
reinado de
Alfonso XIII
hasta el
inicio de la
Guerra
Civil,
pasando,
claro está,
por la
dictadura de
Primo de
Rivera, la
caída de la
Monarquía y
el
advenimiento
de la II
República.
Como ya se ha dicho más arriba, el
autor pone
como
escenario a
Puente
Genil, pero
podía haber
cogido
cualquier
otro pueblo
de Andalucía
o de España,
puesto que
la
conciencia
moral era la
misma, pero
la elección
de su pueblo
natal
muestra el
interés del
autor por
realizar un
documento
serio, con
la necesaria
objetividad
y lleno de
validez,
objetivo que
consigue
gracias al
conocimiento
que
demuestra
del lugar.
El valor de
sus
descripciones
Campos Reina procura no excederse en
sus
descripciones,
poniendo en
juego los
detalles
precisos al
referirse a
los
personajes,
como podemos
comprobar en
el siguiente
fragmento:
«José fue
estudiando
el
comportamiento
de los
hermanos de
Isabel. El
mayor, Jesús
Leopoldo,
era un
hombre
adusto y muy
reservado,
que no hacía
acto de
presencia
hasta la
hora de la
cena, ya que
Lola Maruján
le había
encargado la
dirección y
el control
de las
labores en
sus fincas.
[…] Joaquín,
el segundo
de los
hermanos,
parecía el
polo opuesto
de Jesús
Leopoldo. En
su rostro
destacaban
los ojos, de
extraordinaria
viveza, que
le conferían
cierto aire
entre
arrebatado e
intelectual»
(pág. 28).
Lo cual no constituye un impedimento
para que,
llegado el
caso, nos
detalle todo
aquello que,
a su
entender, es
vital para
la
comprensión
total de la
obra, sin
caer en el
fácil pecado
de la
meticulosidad.
Podríamos
citar una
antítesis a
la
descripción
trabajada en
esta obra la
que
encontramos
en la novela
La pasión
turca,
de Antonio
Gala, en la
que el
relato se
torna muchas
veces
aburrido
víctima de
la profunda
y exhaustiva
descripción
que realiza
este autor,
una
descripción
que anula, a
mi entender,
la
imaginación
del lector.
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|
Juan Campos Reina con su dilogía "La cabeza de Orfeo", publicada en 2006. |
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|
Raro es encontrarnos con diálogos,
que sólo
aparecen en
momentos muy
puntuales.
Éstos están
formados por
frases
cortas,
claras,
directas y
sin ambages.
La narración
de los
hechos
mezcla la
ficción con
la historia
formando un
todo
indisoluble
que traslada
al lector a
la época y
la vive con
sus
protagonistas,
y eso, sin
lugar a
dudas, es un
acierto de
Campos
Reina. Y si
bien es
cierto que
la mayoría
del texto se
dedica a la
narración y
descripción
de los
hechos, no
menos cierto
es también
que la
lectura no
se hace
monótona ni
fatiga el
interés del
lector, ya
que la forma
en que dicha
narración
está
expresada,
genera por
sí sola un
ritmo vivo.
El texto
atrapa y
llama la
atención por
sí mismo.
El libro es de lectura fácil; pero no
simple, no
vulgar; nada
más que
fácil; que
es lo
difícil en
un libro.
Toca temas
como la
Masonería,
la
República,
la
Monarquía,
la Guerra
Civil, el
Fascismo,
etc. de
manera tan
llana, que
hasta el
lector menos
versado
llega a
ilustrarse
sin
necesidad de
acudir a los
libros de
consulta.
Obra, pues,
altamente
didáctica,
destinada al
gran público
por el
atractivo de
su lectura,
muy lejos de
tópicos
cursis,
pedantes y
trasnochados.
Política y
neutralidad
del autor
El contexto histórico que tengamos
como telón
de fondo es
de vital
importancia
en algunas
novelas, y
en esta obra
más,
teniendo en
cuenta su
temática,
cargada de
gran
contenido
político y
social.
Aunque habla de política, el autor no
deja
entrever su
posicionamiento.
Lo mismo nos
dice que:
«…los
automóviles
quedaban
requisados
por el
Ejercito de
la República
[…] y
volvieron
con Julio,
el hijo de
Jesús
Leopoldo,
esposado y
cabizbajo.
Al sopesar
en qué podía
terminar
aquello,
José se
interpuso en
el camino
[…], a lo
que
respondió el
jefe de los
milicianos
con una
sonrisa de
desprecio,
en tanto
señalaba:
“Nada hay en
contra de ti
ni contra tu
familia; así
que apártate
y no nos
provoques.
Es el hijo
de un
fascista»
(pág. 245).
Que nos dice que:
«Joaquín
Maruján se
hallaba en
su casa de
la capital,
y, hacia las
seis de la
mañana,
abrió la
puerta a dos
policías,
los cuales
le
comunicaron
su detección
y lo
esposaron
antes de
obligarlo a
subir a la
caja de un
camión
militar»
(pág. 227).
Aunque es muy difícil que un autor no
deje
reflejado su
pensamiento
o su idea
propia hacia
algún hecho,
Campos
Reina, en
este libro,
se acerca
mucho a la
muy difícil
posición de
la
neutralidad.
En esta familia observamos cómo, con
maravillosa
narrativa,
el autor nos
presenta a
dos hermanos
muy
diferentes
entre sí, y
que, por
circunstancias
de la vida,
se verán en
bandos
opuestos.
Uno, el
ilustrado,
el
reaccionario,
el inquieto,
el
inconformista
y el
idealista,
es de
izquierdas.
Enfrente, el
hermano de
derechas, al
cual Campos
Reina da una
personalidad
conformista,
iracundo y
naturalmente
poco o nada
ilustrado,
pero con un
fondo de
razón
personal que
justifica su
actitud, ya
que matan a
su hijo y a
su mujer.
Puente
Genil, una
zona aislada
Además, al centrar la historia en
esta zona de
Andalucía,
el autor
deja
constancia
de su
interés por
lo que pasó
durante esa
época en su
pueblo
natal, ya
que queda
plasmado en
la el relato
el estudio
previo a la
realización
del libro
que este
autor tuvo
que hacer y
que, de
hecho, hizo.
La ficción y
la realidad
histórica,
corren,
pues, de la
mano en esta
obra.
Puente Genil se muestra en la novela
como una
zona
aislada. Ir
a la capital
suponía un
largo viaje
y salir de
la provincia
casi una
odisea. Este
aislamiento
que el autor
muestra del
pueblo hace
que el
carácter de
los
personajes
se vea
modificado
de forma tal
que se
produce
también un
aislamiento
espacio-temporal
de éstos.
Además, el
aislamiento
de este
pueblo
adquiere en
la novela un
valor
simbólico,
ya que la
época en la
que se narra
la historia
era una
etapa de
represión.
Así, vemos
el reflejo
de este
aislamiento
en una
solitaria
Isabel,
privada de
vida social
y casi de
vida
sentimental,
aunque esto
último sólo
en un
principio.
Valor de los
personajes
Los personajes en general son
sencillos,
nada
rebuscados,
fruto del
pueblo y de
sus
circunstancias,
con
historias
creíbles
para la
época en que
se
desarrolla
la trama. El
trabajo del
autor en
este libro
atestigua la
preocupación
por el
problema.
Todos los
personajes
están
inmersos en
su mundo
interior,
que no va
más allá de
un pueblo de
capital, que
no
trasciende
porque las
mentes están
anquilosadas
y
reprimidas.
En esta historia cabe destacar a
Joaquín,
personaje
indispensable
en esta
historia.
Gracias a
él, Campos
Reina nos
muestra la
realidad
política y
social que
quiere
transmitir
de la España
de entonces
fuera de los
límites del
pueblo.
Por otro lado, está José, que, tras
la muerte de
su patrón,
la única
persona que
tenía en su
vida, sufre
un pequeño
trastorno
psicológico
pasajero,
mostrado en
el libro a
través de la
aparición
del fantasma
de su
patrón.
Dicho
fantasma no
es más que
el reflejo
de la
pérdida tan
grande que
ha supuesto
para él la
muerte de su
patrón.
Pasado el
período de
adaptación a
su nueva
situación,
José, poco a
poco,
recobrará el
equilibrio
en su vida,
equilibrio
que había
perdido tras
haber
desaparecido
el principal
pilar
referente de
su vida, su
patrón Pepe
Maruján, y
con la
vuelta del
equilibrio,
desaparecerá
el espectro
que lo
acuciaba.
Papel del
narrador
El narrador es omnisciente, narrando
siempre en
tercera
persona,
como así
muestra
dicho
fragmento:
«José
comprendió
pronto que
la estancia
de los
recién
llegados se
prolongaría,
y se alegró
de que cerca
de él
brotara el
calor humano
de un hogar»
(pág. 28).
Mediante un discurso indirecto, el
autor nos
explica
todos los
pensamientos
de los
personajes,
sus
sentimientos…
El narrador
no
interviene
en ningún
momento en
la acción,
pero domina
toda la
historia,
domina tanto
lo que
ocurre
dentro como
lo que
ocurre fuera
de los
personajes.
Se adentra
en el mundo
interior de
éstos,
emitiendo
juicio y
valor.
Se aprecian varias figuras retóricas.
El uso de
metalepsis
es bastante
usado, el
narrador no
dice las
cosas
explícitamente,
sino que las
da a
entender con
un uso del
lenguaje muy
cuidado e
intuitivo.
Como ejemplo
destaco el
siguiente
fragmento:
«José
Heredia,
alias ‘El
Poeta’, ya
no se
conformaba
con ver
aparecer a
Isabel todas
las mañanas
por la
bodega.
Sentía
vértigo
cuando ella
se
aproximaba
para revisar
las cuentas
o,
simplemente,
para hablar
con él»
(pág. 61).
Ni que decir tiene que José estaba
locamente
enamorado de
Isabel.
Aprovecho
este
fragmento
para señalar
la
connotación
tan notable
que hace el
autor al
decir
«sentía
vértigo».
Avanzando en el mismo fragmento antes
citado,
encontramos
el
siguiente:
«[…] no
obstante,
intentaba
aguantarse y
seguir
representando
el papel de
buen vecino
y de hombre
respetuoso,
aunque
supiera que
ese camino
no conducía
más que a la
cotidiana
mortificación
[…]».
Algo sobre
el estilo
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El autor de "El bastón del diablo", con Francisco Morales Lomas (a la izquierda de la imagen). |
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El uso de una hipérbole tan clara
como es la
de
«cotidiana
mortificación»
hace que el
lector
otorgue una
notoria
importancia
a los
sentimientos
tan
profundos
que José
tenia hacia
Isabel.
También encontramos el uso de
eufemismos
varios. Uno
de ellos,
que
sobrecoge de
manera tal
que uno se
da cuenta
con la
maestría de
que este
autor hace
uso del
lenguaje, es
el
siguiente:
«[…] con
manchas
evidentes de
humedad en
las perneras
de los
pantalones
[…]» (pág.
254)
haciendo referencia al momento antes
del
fusilamiento.
Tanta maestría tiene en el uso del
lenguaje
que, a pesar
de primar
las
oraciones
largas sobre
las breves,
en ningún
momento
lleva a la
confusión lo
que quiere
decir.
Encontramos rasgos diatópicos en el
lenguaje, ya
que hay
términos
que, aunque
hoy día ya
no se usan
por
anticuados,
en su época
eran muy
usados, más
aún en
pueblos que
en ciudad,
como es el
de «arrobas
de vino»
(pág. 244).
Otros
términos que
son reflejo
de la época
son: dar el
paseo,
salvoconducto,
tortura,
condena a
muerte…
Conclusión
Para finalizar el estudio de esta
obra,
debemos
destacar que
la
documentación
del autor es
impecable
sin duda y
no deja nada
al azar ni a
la
improvisación.
El autor, de
principio a
fin, se
propone
captar la
atención del
lector y lo
consigue de
buen grado:
cuesta
separarse de
la lectura,
dada la
sucesión de
acontecimientos
a la que se
presta. A
medida que
avanza por
estas
jugosas
páginas, el
lector,
además de
ver
enriquecido
su
conocimiento
histórico,
se plantea
preguntas
sobre esa
época
pasada,
sobre
nuestro
presente y
nuestro
futuro.
El bastón
del diablo
contribuye a
desvelarnos
el lado
oscuro de la
política y
la peculiar
psicología
de los que
mandan y
obedecen.
La audacia provocativa con la que
Campos Reina
narra la
historia y
mete mano en
el santuario
de la moral
de entonces
hace que sea
un texto de
crítica
corrosiva
hacia los
valores
decadentes
que
dominaban
otrora la
sociedad.
Cierro este análisis de El bastón
del diablo,
y, cuando lo
hago, siento
que el que
lo ha
escrito es
un hombre de
gran
talento, ya
que es un
texto cuyo
estilo está
fuertemente
musculado,
y,
precisamente,
este tipo de
estilo
contribuye,
en mi
opinión, al
mayor
mérito.
El vacío que deja la terminación del
libro
promete
nuevos
encuentros
con la
lectura y
soy fiel
cumplidora
de mis
promesas.
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