h... la noche me ha jugado una mala
pasada, cielotodogris. Esperaba los mismos
rayos de sol de ayer, pero no aparecen; se han ido
y, para mi desamparo, empiezan a caer unas gotas de
lluvia. Espesura fría, mi mirada se detiene en el
borde de esta ventana gris, no puede prolongarse al
infinito, a ese infinito que me cobija, sí, porque,
cuando el sol se enciende, una claridad entibia mi
piel, mi sangre hormiguea, crezco, el aire me eleva
a los cerros, me confundo con los murmullos del
viento, acudo a tu llamada, soy parte del universo.
Habrá que cambiar de planes, cielotodogris
sin verde, sin azul de pájaros, hace frío.
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Por lo general, los domingos, la
computadora descansa, no la enciendo, pero hoy
llueve, cielotodogris, ella me aguarda. |
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Por lo general, los domingos, la
computadora descansa, no la enciendo, pero hoy
llueve, cielotodogris, ella me aguarda.
Entonces, comienza la ceremonia: abro mi correo,
espero, llamo para conectarme, espero; por fin,
Buscando Host..., Conectando,
Autorizando Conectado; entran mensajes,
España, Córdoba, Buenos Aires, Jujuy, página
literaria, noticias, recitales poéticos... Pero
el tuyo no llega, no llega. A veces, son dos
palabras, sabes que me bastan dos palabras, me
alucinas a veces con dos palabras. Yo sonrío, te
adivino, cómo estás, te quiero, cántame, mírame
amor, y en la pantalla se dibuja un corazón;
otras veces, una estrella o flores que se convierten
en un ramo oloroso, en un caleidoscopio de esas
flores de colores que en otoño recogíamos del campo,
¿recuerdas?, las que me dejaban la nariz con polen
amarillo, cosmos, sí, cosmos se llaman. Entonces, la
ternura encendía tu mirada y la risa, el amor; dos
palabras, sabes que bastan dos palabras para que el
sol entibie este cuarto, aunque llueva; para que los
pájaros remonten el vuelo, aunque no los vea. Cuando
se lo cuento a Lucy, mi amiga del alma, me mira con
preocupación; me dice que edite tus mensajes, pero
no quiero, no quiero imprimir tus mensajes; tengo
miedo de que en el papel frío se mueran, de que el
corazón o la flor o la estrella sólo míos, se
esfumen y anden a la deriva como barriletes sin hilo
perdidos en el cielo. No podría soportar esa
pérdida. Eso sí, los he guardado en el archivo de la
computadora para poderlos ver cuando yo quiera,
cuando el desasosiego me invada, cuando la soledad
sea una carga muy pesada y me llene de congoja el
alma. Espero, Recibiendo mensajes... Pero no
llegas, cielotodogris, esas dos palabras no
llegan, no me buscan, no me encuentran, hace frío,
llueve.
Aquella noche, cielotodogris,
también llovía. Cuando abriste por fin los ojos
después del accidente, de tanta lejanía, me mirabas
doliendo, y me dijiste, con una apenas sonrisa,
estaré siempre contigo, nos encontraremos, ya verás,
muchos indicios te guiarán, ya verás, y así es, a
veces, un aroma me habla de un día, de aquel abrazo,
otras, la sábana corrida a tu lugar que dejó
huérfano el mío, otras, el vuelo de ese pájaro cuyo
silbido tan bien imitabas. Entonces cierro los ojos
para sentir mejor tu presencia, para que el gesto
amado no se diluya en el tiempo, cierro los ojos
para que el roce de tus manos en mi cuerpo sea más
presente... y estás conmigo. A veces, llegas en el
sueño, y es tu presencia tan real, tan patente que
se me olvida tu ausencia. Entonces, hablamos, nos
encontramos en el abrazo, en la pasión y, cuando
despierto, mi piel está lozana, joven, fresca y la
dulce modorra después del amor me retiene en la cama
con los ojos cerrados y una sonrisa. No quiero
abrirlos, espero así retener tu voz, sentir el olor
de tu piel, tu nueva caricia. Entonces, el encuentro
me acompaña todo el día, mi canto es un susurro
entre las paredes de la casa, de nuestra casa, es un
violín entre los árboles de nuestro jardín, todos me
miran confusos, no comprenden esta dulce embriaguez,
ni Lucy, mi amiga.
Pero en esta mañana de lluvia como
aquella otra terrible cuando te hundiste en la
lejanía, las dos palabras no llegan, Desconectado,
espesura gris, se terminan los mensajes, la pantalla
pálida, desasida, sin
estrellacorazónflorescaleidoscopio, sin verde,
sin árboles que me llamen, sin azul de pájaros, sin
los murmullos del viento donde anida tu voz amada.
Hace frío, cielotodogris,
desamparo. Mis manos, vacías. |